jueves, 10 de julio de 2008

Nace Descifrar el laberinto (presentación)

Por Víctor Ibich
Fotografías de Eric Marváz


El escenario de Donceles 66 es un atrio amplio. Al centro las sillas, los ponentes, los poetas. En la música las guitarras de Ana Pizarro, Julio Ayala y Manuel Chacón encienden la velada con el tenue color azulado de las flamas que produce el alcohol.

Los músicos Manuel Chacón, Julio Ayala y Ana Pizarro.

Los escuchas inundan el lugar, desde las escaleras, las sillas ocupadas todas; la barra con bancos altos satisfecha, y en los lindes, los dibujos de perros humanizados haciendo el amor, o ejerciendo su derecho reproductivo: imágenes del también ilustrador de la antología, y poeta, Omar Soto.

Omar Soto entre los perros.

Asistentes a la presentación.

El cuadro de la serie autorretaratos de Felipe Gaytán que muestra el gran armadillo citadino atravesando la ciudad por la avenida Churubusco sirve de fondo para el evento. Al frente, junto al escenario principal, Víctor Carbajal ejecuta una orquestación en blanco y negro, desplegando una lengua que muestra espirales y figuras que se entrecruzan para dar la forma de una boca que escupe poesía, que nos lleva de la mano al principio de esta noche hermosa repleta de poemas y poetas.

Pintura en vivo por Víctor Carbajal.

Adriana Tafoya al principio de la velada.

En la mesa Adriana Tafoya presenta a Leticia Luna y Andres Cardo. Cardo arranca con los comentarios respecto a la antología. Menciona que se basa en la idea del concurso mismo, que es la pluralidad, la inclusión más amplia posible de estilos;y la muestra de la diversidad de estos. "No es una antología de mejores poetas de México (como se presentan muchas), tampoco de los únicos; pero sí es una muestra de poetas que están comprometidos con su labor y ejercen la poesía con calidad y estilo propio", aseguró, al mismo tiempo que hizo referencia de otros esfuerzos por mostrar la amplia gama poética que existe en la República.

Leticia Luna y Andres Cardo durante la presentación.

También hizo referencia a la mínima cantidad de concursos independientes de poesía que existen, y reforzó la importancia de generar estos puntos de partida para la difusión del trabajo poético. Leticia Luna presentó una reseña sobre la antología, con un recorrido analítico sobre cada uno de los 10 poetas, empezando por Jesús Bartolo Bello, que cierra el libro, hasta finalizar con el primer lugar, Homenic Fuentes. Sus comentarios generaron tensión y expectativa, tanto en los poetas como en los escuchas; al llegar su turno atendían los comentarios de Luna.

Homenic Fuentes cerró la lectura de poesía.

Esthepani Granda Lamadrid.

Seguido a esto, Ana Pizarro interpretó canciones con arreglos finos que hicieron el momento fuese apto para la lectura de poesía; que la guitarra de Julio Ayala acompañó. Esthepani Granda arribó desde Puebla para leer; al igual que Jesús Bartolo recién llegado de Acapulco nos dio placer con su poesía. Liliana de Ita leyó poemas de Lecumberri y Humberto Solís.

Liliana de Ita interpretó tres poemas.

Jesús Bartolo pidiendo una palabra.

Ian Soriano de memoria presentó la mitad de su trabajo, así como Santana que con su actitud ligera nos mostró sus textos. Homenic Fuentes cerró con lectura profética y dio pauta para el espectáculo del Otro Circo que se introdujo en la pista con malabares y juego pirómanos. Con vino de honor y poesía la noche se hizo elástica y se extendió hasta el nuevo día.

Ian Soriano después de la improvisación.

Víctor Manuel Ramírez leyó “o sólo yo”.

Guillermo Santana al leer Evocación del buitre.



El Otro Circo

Tres aros de fuego alrededor.
Círculos de fuego.

Asesinato escénico

Homenic Fuentes

Tan bella la muñeca es.
La voz
se le transparenta
en sus adentros
de algodón y felpa.
Con los ojos de botón, cafés
trepa la pared
de azulejos marrón.

El agua le cae convertida en cristal
de la regadera. Su alma sintética no dice nada.
De su boca roja, estambre,
un quejumbroso adiós desprende.

―Qué bellos son los alfileres

que le incrustó el destino―
su vientre anida infinitas cabezas metálicas.

Quién pensará que los fetiches

se aproximan a rebanar la vida.

La gillette y su empaque rojo
corrompen la escena.
Un extremoso olor a trapo viejo
se mezcla con el agua estancada:
la humedad trasciende
golpea la respiración con fuerza.

Pero, incluso así
sobre el tapete rojizo y líquido

es bella la muñeca.


Evocación del Buitre

Guillermo Hernández Santana

El punto más cercano a la muerte
es el hambre.

El polvo anda arrastrando heridas,
hambre, sed, pero sobre todo huesos.

Ahí.
En la materia frágil que el desierto carcome el viento se mezcla
con hebras de polvo calcinado, los buitres dominan parajes
en silencio
y esta parvada de pasos
sueltos bajo la propia sombra
los desenredan ráfagas.

Testiga de osamentas reunidas bajo la sed
sólo queda el aliento de la cría que no buscará su nido.

Ni el viento en la garganta
saciará la frescura
ni los ojos del buitre
tallarán la carroña.

El ciclo de las cosas (fragmento)

Ian Soriano

I

Ha pasado toda dispersión mía, los demás -que son mi autopsia- entran, es su turno Adelante Le entrego en sobre cerrado -de mano a mano- mi carta de renuncia a la vida

Vengan a compadecerse peces que parecen ojos y universos que lloran porque escuchan con su enorme cola el ciclo de las cosas Y vengan las campanas con sus voces, entren por la ventana en el domingo más triste: ¡A ver qué pellejo es embarrado en mi corazón! mientras en el callejón de un mesías inútil lloro los tormentos de la inocencia

Soy la alta montaña en búsquedas de suelo Tengo en mí una fatiga de todos los colores Llevo mis ojos debajo de mis pies, y debajo de faldas indispensables de todos los colores

Por debajo de mi saliva una culebra y yo estamos juntos
Es la hora del último sostén roto en mi alegría, su veneno con su palabra doliente sigue un calibre que lame terrenal una tarde que cura y muerde La carne rinde al contacto, la lumbre se abomina en un beso negro Belleza destructiva es carne, el amante es verso del encierro

Cada uno ¿en qué lugar remoto de sí mismo se encuentra? Si somos eso que nos salpica, eso que flota en el ilusorio bello Ellos: héroes divididos entre madrotas y pesadillas, penumbras vulválicas en el profundo sueño de Ellas: el arrastre del ancla de un cuerpo que no les hace falta; viejos veleros que tiran flores muertas desembarcan en un desfile de águilas con rabia

Cada continente es un mural del odio y cada ruido de cada mar es un lamento en la tinta del dios pintor de la humanidad, en la noche en que más nacen bocas y se estrangula el diálogo En días vacíos de un sol que destruye la ropa de los ancianos al igual que espaldas de cuerpos hermosos enterrados boca abajo

Amarga (fragmento)

Estephani Granda Lamadrid

No quiero dejar mi boca pegada a tu nombre Amarga
Mejor hazte daño desmenuzando estrellas con la mirada
desnúdate toda de la luz para que pueda besar tu sombra
tu oscuridad inexperta
tu carne que sabe a frío y a miedo

Quítate ese pantalón que arde en tus piernas Amarga
ahuyenta los cabritos que están muriendo
de sed en tu vientre Amarga
niégales la muerte y la sal Amarga
atraviesa de puntillas mi corazón Amarga
Mi cansada Amarga
destroza con tus labios mi puerta
arranca mi historia
tu historia de mi librero
hagamos una fiesta en mi tumba
en el silencio que pliega la noche
Mi Amarga
desempólvate las esquinas
abre las piernas para que salga la muerte Amarga

Tiéndete desnuda
sin luz
para besarte toda
mi dulce Amarga

Cambiar el lado del papel

Gabriela Puente

cambiar el lado del papel
sólo para distraer

la perra se sacude
para irritarme
se relame la sed
con afán de que no olvide
(que) no soy buena
(y que) las cosas nunca salen bien

ahora ronca la perra
cada que le rugen las tripas
la comida es un sueño
mal alimentado

la perra duerme
con el hocico entre las patas
oliéndose la cosa.

nos viene el insomnio
y merodeamos los rincones
las esquinas
andamos en medio los muros
con la cola entre las patas

Agnosis (fragmento)

Daniel Humberto Solís

¿Cómo saber que existimos?
Si fuiste ceniza antes que polvo
Si sangro los pechos de infinitas madres
Si la inmortalidad vendrá, sólo después de morir


Reconócete
en las migas pétreas, atezadas
de la tiniebla

Permite
que el espacio se coagule
y asfixie la profecía
escrita con huecos

Busca
los sonidos apócrifos del bosque
la caminata irrastreable
el ocaso rizófago

Húndete
en el instante del trueno
en la agonía del orto
en tu origen revelado
absoluto e ingenuo
oculto en los mitos atrofiados
del crepúsculo
del azar
de la gotera extirpada

Alimenta tus sentidos
con el responso de los sueños

.

La fe
es una sicaria indulgente


Naciste
en la fuga del abismo
en una latencia ruin
que sólo disipa tu pasado anacrónico,
lo vuelve alimento de cínicos

Abortaste
en los parajes limítrofes de la alternancia
una tregua dislocada

Moriste
con el retraso informe del séptimo día
en que la carne
reprimió al animal y lo ató a su trascendencia,
en que los abismos se volvieron frágiles
y comulgaron con el silencio,
en que las últimas risas
vagaron leprosas en la traquea del eco,
hasta ahogarlo, sin querer
con sus propios lamentos

Sexo mío

Alejandro R. Cabañez

Sexo mío.
Tema de mis deseos
Cuerpo incendiario de mis bosques y solísimas cuevas.
Cosechas de cuervos
largos picos negros
como puentes erigidos por dioses
siempre apresados en tu mirada al otro lado del río... entre tu olimpo y mis manos torpes.
Serenata a una vela... sombras bellamente dormidas en tu piel... desatando de pronto gritos inquietos, apaciguando el mar en tu aliento sin el mío... las manos quietas... a la deriva... un brote
Ronquidos de búho... cabalgatas bajo lunas boreales... cerrando las cortinas del espejismo nebuloso... cojines y flores nacen de tus últimos suspiros... tan sólo un roce
me basta para hacerte mía y yo parte de tu nombre...
Las hojas manecillas... el viento amarillo... la sangre deletreada en tus labios... letras escritas en tu vientre de mujer bendecida... en las entrañas del fuego y la tierra... límite del cielo y las aguas frías de mi ser. O no.
Por eso, por lo que es, y por nuestros distintos movimientos angulares inventados dulcemente una mañana de enero... te confieso, te transcribo, amor mío... que no sé cómo acallar las caídas de las hojas mientras hacemos el amor... y diferenciar... entre tu silueta... a la luz del sol perfecto... sobre un navío recién bautizado cruzando el horizonte... lejano...
Lo bendigo:
“Tú eres poesía... toda poesía... callada...
de ridículos y pequeños pies”.

Olvido

José Miguel Lecumberri

Cuán perfectas son las bestias minerales,
tus hijos son mucho mejores que nosotros,

sale el sol y mi piel se resiste a la invasión de su cálido manoseo,
todo lo pasajero se ha establecido en mi cuerpo;

la muñeca decapitada ha ensangrentado el piso
con trozos de plástico fundido,
lo artificial acosa a la vida en las fronteras de lo fortuito,
una nueva raza se colma de favores
pues ya no somos atractivos para el absurdo

los dioses han recuperado sus apuestas,
el fin del camino es un suceso que la Historia diagnosticó
como una enfermedad pasajera, siempre presente,
¿lograré apreciar su nítida tiniebla?

Sepias del camino (fragmento)

Jesús Bartolo Bello

Ir en el ritmo, en la cadencia de los pies
Por la planicie del asfalto pensando en el adónde,
En el lugar, es comenzar la marcha.
La capicúa para enmendarse jamás se rumiará,
Lo cerca revelará su horizonte.
Lo lejos dará diez vueltas sobre sí
Y encontrará el lugar perfecto para echarse.
No podremos negar que en todo esto hay un deleite,
Un pez de agua dulce en celo,
Un poco de sudor y de prestancia,
Tal vez una forma de disimulo y un mulo
Cuesta arriba con las carga de nuestros daños,
Y años en minúsculos trajes de chaquira.

Me detengo para proponer un ademán
Como quién se plantea encontrar al futuro,
Aunque muchos digan que ese animal no existe,
Buscaré el consuelo de su invento.

Que más puede uno ofrecer, sino la oreada vida,
El pulso y el latido no alcanzan la condición de cebo,
Arrojaré (pues) de carnada cada una
de las partes de mi cuerpo.

Si el parkinson de mis pasos me lleva al extravío
El intento de llegar no habrá sido en vano.
Las ganas de ir redoblaré,
Aunque la sonrisa del primer verso se esté pudriendo
Y la distancia del punto móvil que soy, que eres, que semos,
Al sitio que podemos ser, llegaré.

Vengo de venir viniendo y acaso el polvo no se note en mis zapatos.
Y nadie advierta en mis ojos la ulcera del cansancio.
Tal vez alguien perciba que respiro como una locomotora
Cargada de esputos de mí presencia.
Tal vez sólo pase desapercibido porque la fluidez de la memoria
Ha desplegado sus velas y los demás sólo se preocupan
Por andar el camino en la búsqueda de sus pasos.

Los kilómetros que faltan, los días por llegar,
Ocuparán mi afán sólo en la medida en que avance.
Metro a metro pisaré la distancia y me contaré una fábula
Aunque no me sepa ninguna.
Centímetro a centímetro, micra a micra,
Mi pie palpará el suelo y mi rictus comenzará a definirse.
Mi sonrisa emprenderá una carcajada
Hasta encontrar su geometría y en cada uno de sus lados
Por azar o destino, las vísceras de la alegría.